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Poshumanismo


El poshumanismo, que prácticamente se forma de los otros temas, es decir, tiene cuestiones estéticas, políticas y filosóficas. Se basa en las cuestiones sobre las nociones de cuerpo y cómo el cuerpo se oxida, se rediseña y cambia según cambia la nocion de cuerpo. También es relacionado a todo sobre la actualidad. Las imágenes míticas del cyborg y el robot. Las nociones de identidad, género. El antimateria, ahí regresamos al principio, al arte conceptual.

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El fin del Humanismo


El pensamiento moderno cuenta una doble historia: la aparición del capitalismo y la necesidad de disolver cualquier forma de quietud. Progreso, avance, desarrollo, evolución, no son sólo conceptos que dan cuenta de una forma de comprender la historia sino también la manera moderna de fundar un orden moral. Desde este punto de vista, cualquier principio de fijeza debe desplazarse del ámbito explicativo.

Con la muerte de Dios anunciada por Nietzsche y ya sin Platón, la edificación de un orden moral para la modernidad es un problema netamente humano. El imperio de la razón moderna se traduce como humanismo, que es una esencia para el hombre. Esto implica valores, hábitos, derechos y obligaciones, un modo para juzgar las relaciones humanas, para entender la política y la economía e interpretar la ciencia. El humanismo brinda un sentido a los hombres, les indica lo que está bien y lo que está mal. Así el hombre se siente tranquilo porque se encuentra protegido por su propia esencia.

Sin embargo, a fines del siglo XX aparece un filósofo alemán que afirma que el humanismo ha muerto y que vivir en un Apocalipsis constante se ha vuelto un suceso cotidiano. Este filósofo es Peter Sloterdijk.

Ante las nuevas tecnologías, ni la religión, ni la metafísica, ni el humanismo alcanzan como marcos explicativos del mundo. La era digital conduce al extravío definitivo de un modo de referencia ética: el hombre queda huérfano de sí mismo porque ya no encuentra en él un principio rector que permita dar cuenta del mundo que habita.

Desde la perspectiva del poshumanismo que propone Sloterdijk, el humanismo se muestra como una forma de domesticación en tanto supone la necesidad de rescatar al hombre de su barbarie animal. El humanismo siempre se encuentra en el compromiso de domesticar los instintos en favor de la Razón. Se funda en una ontología monovalente (el ser es – el ser no es) y en una lógica bivalente (verdadero – falso) sobre la que se funda un sistema de dominio, una relación amo-esclavo que gobierna en la constitución del sentido moderno. El hombre impone su condición. El Sujeto hace decir al Objeto lo que quiere que diga. Bajo esta gramática, Sloterdijk no concibe la explicación de ciertos fenómenos culturales.

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La civilización y el autocontrol de los individuos


Desde el punto de vista de Norbert Elías, la civilización supone que el principal problema para el hombre es el hombre mismo, ya que el individuo debe ejercer el autocontrol, la autovigilancia y la autorregulación para que se mantenga la paz social. Pero la tensión que implican el autocontrol y la auto-represión permanentes, productos del cambio del aparato psíquico en el proceso civilizatorio[1], superen al individuo para exponerlo a el y a otros a un peligro de muerte. Esto se explica porque el peso que carga cada individuo en su interior de tener un comportamiento socialmente “correcto” alcanza tal intensidad que, junto a los autocontroles conscientes, aparece también un aparato de autocontrol automático y ciego que, por medio de una barrera de miedos, trata de evitar las infracciones es del comportamiento socialmente aceptado.

La estabilidad del aparato de autocoacción psíquica (autocontrol, autorregulación), dice Elías, que es una fuerte característica de todo individuo “civilizado”, esta íntimamente relacionado con la creación de institutos de monopolio de la violencia física y con la gran estabilidad de los órganos sociales centrales. Con la constitución de tales instituciones se crea un aparato formativo que sirva para inculcar al individuo desde su infancia la permanente costumbre de dominarse. Este modo de control sobre si mismo funciona de modo automático.

En las sociedades que poseen un monopolio estable de la violencia física, el individuo esta protegido frente a los crímenes de los otros, al mismo tiempo que tiene la obligación de reprimir los impulsos violentos que lo llevan a atacar a los demás individuos. Para decirlo más simplemente: el individuo reprime sus pasiones espontáneas a cambio de seguridad y protección estatal. Es por esto que el sistema jurídico tiene la función de mantener la cohesión y el orden social, ya que castiga a aquellos que rompen el “pacto de no agresión” primordial de la sociedad. Cuando más densa es la red de interdependencias entre individuos, mas amenazado está el que cede a sus emociones, mayor ventaja social tiene el que consigue “dominarse” a si mismo y se educa más intensamente a los individuos desde niños para que reflexionen sobre las consecuencias de sus actos.

Como bien explica Elías, el dominio de las emociones espontáneas, la represión de los afectos, el pensamiento más allá del “aquí y ahora”, son distintos aspectos del mismo tipo de cambio de comportamiento que se produce necesariamente al mismo tiempo que la monopolización de la violencia física, la ampliación de las secuencias de acción y de las interdependencias en el ámbito social. Se trata de una modificación del comportamiento en el sentido de la “civilización”. Se consolida un aparato de costumbre peculiar, un “super-yo” especifico que pretende regular, reformar o reprimir continuamente sus afectos de acuerdo con la estructura social.


[1] Desde niños nos inculcan una regulación del comportamiento propio cada vez más estable, como si fuera algo automático.

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La independencia según Nietzsche


Para Friedrich Nietzsche es importante demostrarse a sí mismo que se está predestinado para la independencia y el mando, pero es preciso hacerlo a tiempo. El filósofo alemán nos advierte: no hay que eludir la obligación de hacer estas pruebas -para saber si uno está hecho para el liderazgo- pero tampoco hay que ligarse a nadie, porque toda persona es una prisión. Y mucho menos, agrega, ligarse a una patria. No hay que apegarse a un sentimiento de compasión, aunque sea en favor de hombres superiores. Ni tampoco atarse a una ciencia, aunque nos seduzcan los descubrimientos que parece reservarnos. De ninguna manera, según este pensador, debemos apegarnos a nuestras virtudes ni sacrificarnos por completo a una inclinación particular. Hay que saber conservarse y concentrarse, que es la mejor prueba de independencia.

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El Romanticismo como corriente filosófica


El movimiento romántico, que se origina entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, se caracteriza por restaurar y exaltar la problemática de la palabra, la poética, el mundo y sus narraciones dadoras de sentido. Trata esa problemática en la nueva historia moderna que emprende una búsqueda de la verdad desde el lugar de la razón ilustrada de base científico-técnica, que había acometido contra las supersticiones que plagaban la vieja historia. Esta razón ilustrada es la que había caracterizado al mito como una falsedad, como puro error, producto de explicaciones irracionales y dogmáticas religiosas que habían prevalecido en épocas previas.
En principio el romanticismo evidencia la angustia de la razón que se hace explicita en la sensibilidad cultural, lo que implica el planteamiento de un Yo moderno sensible, utópico, que constantemente se encarga de descentrar lo real frente a un racionalismo científico, clasificatorio de la vida. Por otra parte el hombre revalúa su historia personal y colectiva.
El romanticismo plantea, además, la conciencia de un alma desconciliada que debe ser pensada en su reunificación, encargando esta misión a los lenguajes del saber nucleadores frente a la fragmentación disciplinaria de la razón científica. También esboza la restauración del lenguaje poético como modo de conocimiento frente al lenguaje instrumental relacionado a la comprensión científico-técnica.
Otra característica del movimiento romántico es la valoración de la subjetividad frente al interés iluminista de la explicación y la universalización total. Se recobra la idea de un pasado, se revaloriza la memoria frente al posicionamiento de la fe en el progreso.
Se puede considerar al romanticismo como el impulsor de varios acontecimientos que tendrán lugar en el siglo XIX y también en el siglo XX. Desde revoluciones políticas hasta proyectos artísticos fueron influenciadas por un movimiento fundamental en la historia de las ideas modernas.

El movimiento romántico se origina entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX y se caracteriza por restaurar y exaltar la problemática de la palabra, la poética, el mundo y sus narraciones dadoras de sentido. Trata esa problemática en la nueva historia moderna que emprende una búsqueda de la verdad desde el lugar de la razón ilustrada de base científico-técnica, que había acometido contra las supersticiones que plagaban la vieja historia. Esta razón ilustrada es la que había caracterizado al mito como una falsedad, como puro error, producto de explicaciones irracionales y dogmáticas religiosas que habían prevalecido en épocas previas.

En principio el romanticismo evidencia la angustia de la razón que se hace explicita en la sensibilidad cultural, lo que implica el planteamiento de un Yo moderno sensible, utópico, que constantemente se encarga de descentrar lo real frente a un racionalismo científico, clasificatorio de la vida. Por otra parte el hombre revalúa su historia personal y colectiva.

El romanticismo plantea, además, la conciencia de un alma desconciliada que debe ser pensada en su reunificación, encargando esta misión a los lenguajes del saber nucleadores frente a la fragmentación disciplinaria de la razón científica. También esboza la restauración del lenguaje poético como modo de conocimiento frente al lenguaje instrumental relacionado a la comprensión científico-técnica.

Otra característica del movimiento romántico es la valoración de la subjetividad frente al interés iluminista de la explicación y la universalización total. Se recobra la idea de un pasado, se revaloriza la memoria frente al posicionamiento de la fe en el progreso.

Se puede considerar al romanticismo como el impulsor de varios acontecimientos que tendrán lugar en el siglo XIX y también en el siglo XX. Desde revoluciones políticas hasta proyectos artísticos fueron influenciadas por un movimiento fundamental en la historia de las ideas modernas.

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Ciencia moderna versus ciencia antigua y medieval


Heidegger cree que lo fundamental es la manera en que los hechos son comprendidos y los conceptos aplicados. De todas formas cree que mientras la actitud de la investigación sea filosófica, el pensamiento no difiere del de hace 300 años.

La cienca moderna es especialmente una cienca de hechos, de investigación experimental y de medición. Que tambien lo es la antigua, pero el problema reside en la manera y el sentido en el que se aplica y realiza.

La posición intelectual de la cienca moderna a la que Heidegger alude se basa en que el saber es exigencia matemática.

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